- La ilusión de que eras tu la mujer con la que podría escribir la historia mas linda que jamás se hubiera escrito.
- Los sueños de conocer muchos lugares, de que tu, ahí sentada en el asiento del copiloto, no solo fueras mi compañera de viajes, sino también mi compañera de experiencias, aventuras y anécdotas por contar.
- La inspiración de ser mejor, la razón de continuar con una labor asistencial; más bien, buscar maneras de que juntos pudiéramos trabajar por mucho, mucho tiempo.
- La única persona que quería estuviera en la primera fila del salón en el cual defendiera mi proyecto de investigación.
- Las sonrisas que me regalabas cada mañana con tus mensajes.
- La emoción de tus historias, de tus planes, de tus objetivos, del mundo que quieres cambiar, del mundo al que quieres servir con tu profesión.
- Mis suspiros frecuentes.
- Tu nombre en la primera página de un libro.
- Tus iniciales en el tablero de pendientes, como una forma de recordar tu inspiración.
- La foto que nunca pudimos tomarnos juntos.
- La paz, la serenidad, la tranquilidad que tu presencia me provocaba. El equilibrio que encontraba en tus palabras, en tu voz, en tu mirada.
- Esa piel canela, endulzada con un perfume que me transportaba a los confines del universo y poco a poco hacían sentirme en casa.
- El playlist que nos acompañaba mientras íbamos de algún lugar a otro.
- Besos en tu frente.
- El brillo que le dabas a mis momentos de obscuridad, brillo comparable al de una estrella, esa estrella que solamente pude nombrar por un breve espacio de tiempo.
- La distancia que siempre nos acompañó, fiel a nosotros; esa distancia que en un futuro tendería a crecer.
- Las noches más mágicas de mi vida, tanto las que pasamos, como aquellas que se quedan en el imaginario.
- Esa única vez en la que el tiempo se detuvo, en la que mi mundo se redujo a tu complejidad; esos segundos en los que tu mano se entrelazó a la mía.
- Un abrazo.
- La felicidad.
- Tu nombre junto al mio.
- Tu nombre.
- Tú.
martes, 15 de diciembre de 2015
jueves, 3 de diciembre de 2015
Boarding pass
Es una mañana fría.
Muy temprano despertaste, terminaste el equipaje y caminas con la dificultad propia de la helada hacia la puerta de tu casa en donde el taxi que te espera paciente, como si quisiera retardar o hacer inevitable tu partida.
En el trayecto al aeropuerto, te envuelves en una plática sorda, lejana; distraído esbozas cuatro frases que permiten la continuidad del diálogo. Perdida tu mirada en las estrellas del cielo que aun se aferran a la lucha de los primeros rayos del sol, esas estrellas que son tan parecidas a ti, luchando contra el astro rey, pero que la distancia hace que tristemente se pierdan en el olvido de un nuevo día.
Has llegado a la terminal, te diriges lentamente al mostrador. Veinticinco minutos después, tu turno para desprenderte temporalmente de tu equipaje ha llegado, pones tus miedos y tus ilusiones, tus cargas y tus motivos, tus alegrías y tus tristezas, en las manos de completos desconocidos; desconocidos que tendrán el sumo cuidado de procurar sea posible el reencuentro con tu mochila cargada de sentimientos, tan solo unas horas más adelante.
Y ahí vas, pasando filtros, despojándote de aun más cosas en el trayecto. Lo único que te acompaña es tu identidad, un libro de compañía y tu pase de abordar.
Tan sólo buscas un momento de descanso, un lugar en el cual el tiempo te permita canjear el desvelo por la fantasía de los sueños. Buscas, pero sin éxito. Y justo cuando te das por vencido, cuando aceptas que ese sueño ya no volverá, volteas sin esperanza, sin ánimo y encuentras algo. Te vas acercando, con la cautela necesaria y de alguien que experimentó diversas pérdidas en el pasado. Sorteando empujones, frío, anuncios precautorios por fin estás ahí. Con miedo dices hola, esperas una respuesta. Te sonríe, y en ese momento, el sueño deja de ser sueño.
El mundo esta paralizado. Dos estrellas y un brillo incesante te transporta al centro del universo. El tiempo está ahí, como fiel testigo de lo irremediable. Hay un tono dulce, alegre y tonificante que te inyecta, que te inspira, que te motiva. Estas ahí, solo, expuesto; sin el equipaje. Estas ahí, solo; sincero, olvidando las letras de compañía que te mantendrían a salvo. Coinciden los destinos. La esperanza toma forma de su nombre. Te sientes seguro, a salvo; desbordado, pero contento; ilusionado, pero paciente.
Sientes...
Anuncian el vuelo. Vuelos distintos.
La ves ahí, de pie, de espaldas a ti; la silueta de su figura se hace cada vez más pequeña, mas distante, más oscura. Cada paso de ella es una descarga al corazón, cada paso construye su recuerdo, ese recuerdo que será tu realidad.
Fue, la mañana más fría de tu vida.
"...quisiera bajar las estrellas, para regalarte una de ellas,
que brille en tus noches y amaneceres..."
martes, 1 de diciembre de 2015
1
"Cada luna es distinta. Cada luna tiene su propia historia."
Si me dijeran que fue lo que me gustó de ti, podría responder que tus ojos. Ver el mundo como tu lo ves, perderme en la inmensidad del color de tu iris, cuidar esa mirada para que nunca navegue perdida en la penumbra, darle motivos para que las lágrimas sean de alegría, de felicidad y carcajadas.
Aunque ahora que lo pienso, si tuviera que elegir, creo que mejor me inclinaría por tu voz. Esa melodía que durante el día le da ritmo a mi vida, la fluidez y el tono con el que hablas incrementa la armonía en la cadencia de mis pasos, esa voz que alimenta el ambiente con la esencia de tus pensamientos y tus sentimientos convertidos en palabras.
Pero... ahora me invade la duda; porque también elegiría tu corazón, y no me refiero al corazón metafóricamente hablando en términos de amor, mas bien al corazón como al músculo del organismo que produce la pasión, los sentimientos, la calidez, lo humano del ser. Y es que es imposible ignorar lo que planeas hacer en beneficio de los demás con el fruto del trabajo de tus manos.
Y bueno, una razón más para incrementar la confusión; porque también son tus manos, esas manos que tienen la delicadeza de darle color con solo tocarlas y entrelazarlas, aunque haya sido por una sola vez desde que te conozco; esas manos que son perfectas para cuidar, para consentir; esas manos que son la puerta de tu perfume.
En resumidas cuentas, si me dijeran que fue lo me gustó de ti, podría responder que es la oportunidad de escribir contigo una historia. Una historia que no se cuantas páginas tendrá. Una historia que no imagino los personajes que puedan intervenir en ella. Una historia, tal vez, solo tal vez, nuestra propia historia.
Aunque ahora que lo pienso, si tuviera que elegir, creo que mejor me inclinaría por tu voz. Esa melodía que durante el día le da ritmo a mi vida, la fluidez y el tono con el que hablas incrementa la armonía en la cadencia de mis pasos, esa voz que alimenta el ambiente con la esencia de tus pensamientos y tus sentimientos convertidos en palabras.
Pero... ahora me invade la duda; porque también elegiría tu corazón, y no me refiero al corazón metafóricamente hablando en términos de amor, mas bien al corazón como al músculo del organismo que produce la pasión, los sentimientos, la calidez, lo humano del ser. Y es que es imposible ignorar lo que planeas hacer en beneficio de los demás con el fruto del trabajo de tus manos.
Y bueno, una razón más para incrementar la confusión; porque también son tus manos, esas manos que tienen la delicadeza de darle color con solo tocarlas y entrelazarlas, aunque haya sido por una sola vez desde que te conozco; esas manos que son perfectas para cuidar, para consentir; esas manos que son la puerta de tu perfume.
En resumidas cuentas, si me dijeran que fue lo me gustó de ti, podría responder que es la oportunidad de escribir contigo una historia. Una historia que no se cuantas páginas tendrá. Una historia que no imagino los personajes que puedan intervenir en ella. Una historia, tal vez, solo tal vez, nuestra propia historia.
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