jueves, 3 de diciembre de 2015

Boarding pass


Es una mañana fría.

Muy temprano despertaste, terminaste el equipaje y caminas con la dificultad propia de la helada hacia la puerta de tu casa en donde el taxi que te espera paciente, como si quisiera retardar o hacer inevitable tu partida.

En el trayecto al aeropuerto, te envuelves en una plática sorda, lejana; distraído esbozas cuatro frases que permiten la continuidad del diálogo. Perdida tu mirada en las estrellas del cielo que aun se aferran a la lucha de los primeros rayos del sol, esas estrellas que son tan parecidas a ti, luchando contra el astro rey, pero que la distancia hace que tristemente se pierdan en el olvido de un nuevo día.

Has llegado a la terminal, te diriges lentamente al mostrador. Veinticinco minutos después, tu turno para desprenderte temporalmente de tu equipaje ha llegado, pones tus miedos y tus ilusiones, tus cargas y tus motivos, tus alegrías y tus tristezas, en las manos de completos desconocidos; desconocidos que tendrán el sumo cuidado de procurar sea posible el reencuentro con tu mochila cargada de sentimientos, tan solo unas horas más adelante.

Y ahí vas, pasando filtros, despojándote de aun más cosas en el trayecto. Lo único que te acompaña es tu identidad, un libro de compañía y tu pase de abordar.

Tan sólo buscas un momento de descanso, un lugar en el cual el tiempo te permita canjear el desvelo por la fantasía de los sueños. Buscas, pero sin éxito. Y justo cuando te das por vencido, cuando aceptas que ese sueño ya no volverá, volteas sin esperanza, sin ánimo y encuentras algo. Te vas acercando, con la cautela necesaria y de alguien que experimentó diversas pérdidas en el pasado. Sorteando empujones, frío, anuncios precautorios por fin estás ahí. Con miedo dices hola, esperas una respuesta. Te sonríe, y en ese momento, el sueño deja de ser sueño.

El mundo esta paralizado. Dos estrellas y un brillo incesante te transporta al centro del universo. El tiempo está ahí, como fiel testigo de lo irremediable. Hay un tono dulce, alegre y tonificante que te inyecta, que te inspira, que te motiva. Estas ahí, solo, expuesto; sin el equipaje. Estas ahí, solo; sincero, olvidando las letras de compañía que te mantendrían a salvo. Coinciden los destinos. La esperanza toma forma de su nombre. Te sientes seguro, a salvo; desbordado, pero contento; ilusionado, pero paciente.

Sientes...

Anuncian el vuelo. Vuelos distintos.

La ves ahí, de pie, de espaldas a ti; la silueta de su figura se hace cada vez más pequeña, mas distante, más oscura. Cada paso de ella es una descarga al corazón, cada paso construye su recuerdo, ese recuerdo que será tu realidad.

Fue, la mañana más fría de tu vida.

"...quisiera bajar las estrellas, para regalarte una de ellas,
que brille en tus noches y amaneceres..."

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